UN NUEVO
MODELO GERENCIAL
El modelo
administrativo que hemos venido trabajando, y que durante tantos años nos ha
brindado grandes satisfacciones; ya está ampliamente superado y debe
evolucionar profundamente; no se trata de la última moda administrativa, se
trata de una necesidad latente en las empresas y para las condiciones actuales
del país y del medio, ahora que todo es estrés, caos y problemas complejos, se
presenta esta gran oportunidad de reorientar y reoxigenar nuestra actual
cultura.
Un modelo
administrativo utilizado desde principios del siglo donde el éxito siempre le
ha pertenecido a aquellas organizaciones obsesivas en los aspectos técnico
– científicos, orientadas al control jerárquico de las personas, donde
el crecimiento solo ha estado representado en el poder económico y en el
dominio del mercado; donde el gerente ( entiéndase como gerente todos los que
tenemos la responsabilidad de producir resultados a través de colaboradores) se
ha convertido en un vigilante calificado que basa sus funciones en el control
excesivo, en la presión permanente y en dictar normas carentes de flexibilidad;
hay que cambiarlo y esa es nuestra responsabilidad, como gerentes también
tenemos que evolucionar, tenemos que cambiar y replantear las estrategias para
que nos permitan un giro de 180 grados en nuestro estilo administrativo y
adaptarnos al cambio del mercado, de la tecnología y de las personas.
Hace más de 25 años,
John Naisbitt planteaba el tema argumentando:
“El reto de la industria es
cambiar a los gerentes que tradicional y supuestamente tenían todas las
respuestas y les indicaban a todos sus colaboradores lo que debían hacer y como
lo debían hacer; por gerentes que actúen como facilitadores y desarrollen el
potencial humano. El reto es entrenar de nuevo a los gerentes y no volver a entrenar
tanto a los obreros”.
Es indudable que
el modelo de dirección utilizado hasta ahora debe cambiar profundamente y
reorientarse hacía una reingeniería
cultural en la que principios
éticos, sociológicos, y ecológicos como amor,
respeto, confianza, compromiso,
autonomía, credibilidad, etc. comiencen a imponerse dentro de nuestra
actual cultura y que los valores existentes en cada una de las personas
adquieran una nueva y enriquecedora dimensión, cuando son involucrados y
aplicados a las diferentes actividades de la empresa; pues estaríamos cambiando
nuestra actual cultura basada en el tener por darle paso y gestar una nueva cultura
basada en el ser. “El ser por encima del tener”.
La época actual
que estamos viviendo está caracterizada por el azar, la incertidumbre, el
riesgo, las contingencias, y los repentinos pero constantes cambios; lo que
como gerentes nos obliga a estar totalmente convencidos de que no podemos
continuar apoyándonos solamente en los aspectos técnico – científicos, ni en la razón aplicada literalmente; pues esta solo es válida en
situaciones estables y esto es una utopía.
Con sobrados
argumentos, nos justificamos diciendo que la gente no quiere el cambio, cuando
realmente lo que está sucediendo al interior de las empresas no es el temor al
resultado del cambio, es el temor a un proceso de cambio mal concebido, a una
mala preparación de la gente para el cambio y esto es catastrófico para las
empresas.
W. Steven Brown,
directivo del Grupo Fortune asegura:
“Las empresas
fracasan principalmente porque sus gerentes fracasan. Y cuando los gerentes
fracasan no es porque no dominen las finanzas o el mercadeo, sino porque tratan
de dominar a la gente o de manipularla, o porque la subvaloran”.
Sí es posible que
las personas miren el cambio de una manera positiva, pero éste cambio tiene que
estar asociado con el aprendizaje, (el gerente como coach) su ego, sus valores y su propio desarrollo personal. Es aquí
donde el gerente se juega su vida asumiendo el reto de liderar un proceso en el
que él es protagonista de una nueva forma de pensar, actuar y hacer las cosas
en el seno de las empresas; tenemos que liderar la nueva gerencia espiritual y de valores; pero para esto,
tenemos que ser personas sensibles y dotadas de una libertad responsable, con
el máximo potencial creativo y conscientes de que no puede existir creatividad
sin libertad.
No podemos seguir
pretendiendo y creyendo que líderes se fabrican en seminarios y conferencias de
uno o dos días, que solo pretenden cambiar las acciones de las personas de
acuerdo y en beneficio de las exigencias y necesidades de la empresa. Se es
líder cuando se logra transformar y mejorar la vida de las personas, y a través
de este cambio, se logra mejorar y desarrollar la organización.
El verdadero arte
de administrar no consiste solamente en ganar; es indispensable el arte de
lograr el asentimiento de los demás, porque la gente seguirá solo a aquellos a
quienes respeta y valora porque igualmente los han respetado y valorado.
Tenemos que cambiar el concepto de que mejor
calidad de vida es mayor ingresos, mejor vehículo, mayor bonificación o
un cargo de mayor estatus; pues con esto continuaríamos apoyando nuestra actual
cultura del tener por encima de la del ser.
En muchos casos,
cuando la gente se dirige a su jefe a solicitarle un aumento de salario o una
promoción a otro cargo; muchas veces lo que realmente significa es que usted
fallo, como coach y como líder, por lo tanto, permitió que ellos ya no
encuentren su trabajo ni su empresa estimulante, y, por lo tanto, su desarrollo
personal esté en entredicho, ya que sus valores no son suficientemente
compatibles con los de la organización o viceversa.
Dirigir estas
empresas con ese cambio organizacional, no es nada fácil, ya no se trata de
quién dirige y quién es dirigido; sino de cómo diseñamos una nueva estructura
cultural que nos permita tener relaciones sólidas de ayuda y de apoyo
enmarcadas en valores como autonomía,
autoestima, cooperación,
compromiso, confianza, etc. Es otra cultura, que, manteniendo
mecanismos de control sobre los resultados, opte estratégicamente por el
desarrollo de las potencialidades de todos y cada una de las personas de la
empresa.
El propósito
estratégico básico de toda empresa es sobrevivir y obtener los máximos
beneficios económicos posibles, honestamente; pero igualmente podemos
cumplirlo, imprimiéndole a la empresa una forma mas humanizada y una misión mas
socio – técnica y menos técnico – científica.
Solamente cuando
estemos plenamente convencidos de que las empresas no solo son estructuras
generadoras de riqueza; y que un conjunto de paredes, máquinas y capital, no es
nada; si no que las empresas también son una estructura humana poseedora de una
cultura, de un conjunto de valores y de una espiritualidad; estaríamos
fundamentando nuestra misión gerencial en la realización humana y profesional
de las personas y así estaríamos dando paso a una nueva cultura basada en el ser.
Víctor Hugo López Arias
CEO-Founder A.E.I. Group SAS.
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